SOBRE EL LIBRO

“DESDE EL JARDÍN” es el nombre con el que, muy afanosa, Taiku Tao me ha bautizado.  De seguro que no es el nombre que yo hubiera escogido, pero, en fin, tampoco está mal.

Quizás te sorprenda que sea yo, el libro, el que escriba esta presentación, y sin embargo ¿quién mejor que yo para hacerlo?

Mucho antes de materializarme en papel ya existía en un espacio etéreo situado entre varios mundos. No te sorprendas, todos los libros, buenos, malos, peores, excepcionales (claro que esto nada tiene que ver con nuestra propia autoestima, son sólo opiniones subjetivas humanas) habitamos ese espacio lleno de emoción y color. Vivimos en paz.

Muchos de nosotros contemplan luchas, disputas, dolor, odio y a pesar de ello en nuestro mundo eso son sólo matices, escollos sin intención, no sentimos el mal, ni el miedo; lo que me lleva a pensar que la guerra es un defecto inherente a vuestra especie, pero esto es otra historia.

Volviendo a mí. Como el resto de mis hermanos busqué arduamente una mano, un corazón, una mente que me volviera imagen, palabra. Alguien que me hiciera visible para ti, lector.

Porque, seamos sinceros, ¿existiría algún libro si tú no lo leyeras?

Tú eres  el que me creas al bucear bajo mis páginas. Tú inventas miles de mundos saltando de frase en frase. Tú me haces ser, me aportas infinitos matices con cada lectura.  Vivo y muero por y gracias a ti, (lo siento por mi confiada escritora, tú eres realmente mi creador, ella tan sólo es una intermediaria entre nosotros dos).

A pesar de ser mero instrumento, le estoy agradecido. Supo verme.

Me costó varios años y muchos intentos, pero al fin conseguí que su alma se prendiera de la misma rama de ciprés en donde me había parado a descansar.  Su ser vibró. Entendió sin entender y casi sin querer empezó a escribir.

Pasearon el sol y la luna durante largos días, mágicas noches, por el cielo que cubría su alma y su jardín, antes de concluir mi alumbramiento.

Y aquí estoy, sensación hecha papel, ansiando la caricia de tus manos, dispuesto a habitar en tu mente, a juguetear con tus emociones, a volver a nacer para ti.

Te ofrezco mis palabras, mis imágenes (que gustosamente dejé a otro espíritu capturar para ti), tómalas, son tuyas. Sólo tú puedes insuflarle  verdadera vida.

Ansío llevarte de la mano por arboledas y estrellas, cuchichearte mis secretos o los tuyos bajo la sombra de un magnolio, oírte reír, vislumbrar tus sueños y acurrucarme entre los pliegues de tus pensamientos un instante, una eternidad. Tú decides.

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